miércoles, 2 de enero de 2013

The Night of the Hunter (La noche del cazador) - (1955) - (Director: Charles Laughton)



TÍTULO ORIGINAL: The Night of the Hunter
AÑO: 1955
DURACIÓN: 93 min.
PAÍS: EE.UU.
DIRECTOR: Charles Laughton.
GUIÓN: James Agee (Novela: David Grubb).
MÚSICA: Walter Schumann.
FOTOGRAFÍA: Stanley Cortez.
REPARTO:
Robert Mitchum, Billy Chapin, Sally Ann Bruce, Shelley Winters, Lillian Gish, Peter Graves, Evely Varden, James Gleason.
SINOPSIS:
Tras realizar un atraco en el que han muerto dos personas, Ben Harper regresa a su casa y esconde el botín confiando el secreto a sus hijos. En la cárcel, antes de ser ejecutado, comparte celda con Harry Powell y en sueños habla del dinero. Tras ser puesto en libertad, Powell, obsesionado por apoderarse del botín, va al pueblo de Harper, enamora a su viuda y se casa con ella. Considerada en la actualidad como una obra maestra indiscutible, tuvo muy poco éxito en su estreno, motivo por el que Laughton no volvió a dirigir nunca más. Una joya imprescindible.



COMENTARIOS:
Única película dirigida por el gran actor británico Charles Laughton y sin duda una de las mejores películas de la historia del cine. Una obra maestra que adapta magistralmente la novela de David Grubb, con una extraordinaria, contrastada y maravillosa fotografía en blanco y negro de Stanley Cortez, que ayuda a recrear esa desasosegante e inquietante atmósfera. Fascinante e hipnótica narración y magistral dirección, con escenas inolvidables, de éste actor británico que incompresiblemente no continuó filmando más películas. ‘The Night of the Hunter’ es un cuento expresionista que narra la eterna lucha entre el bien y el mal: unos inocentes y angelicales niños perseguidos por un malvado predicador asesino. En el fabuloso reparto cabe mencionar la soberbia interpretación de Robert Mitchum.

Es, sin duda, una película muy interesante, que no tuvo demasiado éxito cuando fue estrenada y que, como consecuencia de ello, supuso el comienzo y el final de la carrera como director del extraordinario y polifacético actor británico Charles Laughton. Una lástima.
Laughton se había quedado prendado con una novela de Davis Grubb, publicada en 1953, y dos años más tarde comienza el rodaje. Como les ha ocurrido a muchos actores de enorme prestigio a lo largo de la historia del cine, cuando se ponen detrás de la cámara intentan realizar algo que les era imposible hacer en su otra faceta profesional, ya sea por falta de ideas o por las restricciones de producción. En este caso, el director debutante intentó realizar una película distinta, que se saliera de los parámetros trillados por la industria, y que fuera una reflexión sobre el propio séptimo arte. Consiguió sobradamente lo que pretendía.
Otro director habría servido un thriller quizá entretenido, pero rutinario y previsible. Con Laughton el relato adquiere resonancias insospechadas, casi míticas. Robert Mitchum, el reverendo, parece la maldad encarnada. Sus dedos, con las letras tatuadas que componen las palabras “hate” y “love” (odio y amor), recuerdan la lucha del bien y el mal. Su boca está llena de maldad e hipocresía, retuerce las Escrituras, usándolas a su antojo.

Para empezar pertenece a un género inclasificable. Hay momentos de película de terror, otros en donde el suspense predomina, algunos que nos recuerdan los ecos de Fritz Lang y del expresionismo alemán, etc. Y todo ello con un envolvente que estaría cerca de una estética de cuento infantil, estilizada y onírica, pero que sobrepasa los límites temáticos de esa categoría porque nos adentra en el mundo de lo poético e incluso de lo sicoanalítico. Leer esto puede ser disuasorio para el posible espectador, pero conviene aclarar que el resultado es brillante e incluso divertido. Es decir, lo tiene todo.
Hay también un aroma brechtiano en esta película que huye del naturalismo fotográfico. Al fin y al cabo, Laughton y Bertold Brecht se habían conocido en Estados Unidos e incluso habían trabajado en algún proyecto común al término de la segunda guerra mundial.
Los actores están soberbios y la mayoría de ellos proceden del teatro. Lillian Gisch había sido actriz sobre el escenario desde muy pequeña y nada menos que David Wark Griffith se la llevó a la pantalla convirtiéndola de uno de los iconos del cine norteamericano. ¿Qué decir también de Shelly Winters, uno de los nombres más importantes del Actor´s Studio de Nueva York? Ambas actrices de raza comparten el protagonismo con Robert Mitchum que encarna de manera extraordinaria el personaje de un predicador asesino, con un pie puesto en el histrionismo y otro en la locura. Ellos, junto con los niños y el resto del reparto, se convierten en un elemento indispensable para comprender los valores de la película.

Otros son la fotografía de Stanley Cortez, extraordinaria, y la banda sonora compuesta por Walter Schuman. Crean un ambiente indefinible, de sueño y de realidad, que atrapa desde los primeros compases.
Película inquietante y hermosa, llena de sugerencias y con un significado abierto. Nada más puedo decir de ésta impresionante cinta de obligado visionado para cualquier amante de cine.



Tráiler:



Calificación: 6 de 6.

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